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Alguien importantísimo estaba ad portas de llegar, por eso los afanes. El jefe de camareros muy diligentemente preguntaba:
Ya llenaron la bañera? Recuerden que la temperatura debe estar a 36° centígrados, ni uno más, porque nuestro huésped no resiste más calor. ¿La champaña está fría? ¿La pusieron en la cubeta del hielo? ¿Todo listo? Y continuaban las órdenes. Las mucamas corrían más y más afanosamente.
De repente, el revuelo. Serían las diez de la noche más o menos. Había llegado el personaje. ¡Claro! No ingresó por la puerta principal, tampoco por la lateral. Discretamente lo hizo por el sótano de parqueo. De ahí directo al ascensor privado y, de una, a la suite presidencial. No dejó ver más que la sombra.
Intrigada olvidé al personaje de la entrevista para centrarme en las averiguaciones del nombre del recién llegado. Inútil. Hermetismo total. Los tenían aleccionados. No debían abrir la boca. Paré oreja, agucé el ojo y puse cuidado. Con la voz baja, mejor entre cuchicheos, algunas de las empleadas comentaban que ya eran casi las once y la invitada de nuestro personaje central no llegaba. Éste se encontraba impaciente y ellas angustiadas porque el agua del jacuzzi se estaba enfriando.
De repente, el teléfono. La susodicha indagaba si ya se encontraba allí su amigo y que por favor la esperara porque se dirigía hacia el hotel, y que ya estaba a punto de llegar. Que por favor lo entretuvieran para que se quedara.
Efectivamente, a los pocos minutos, cuando el reloj marcaba las 11:17 de la noche, apareció como un huracán por la puerta principal una hermosa y trigueña mujer, muy bien vestida, sudorosa y con gesto de angustia en su rostro. Era una de las más cotizadas presentadoras de televisión que venía a cumplirle su cita semanal al político más poderoso del país, que la esperaba impaciente en el jacuzzi, con la botella de champaña destapada y el genio alborotado. Apenas dos horas para disfrutar de la compañía y como iba de tiempo tan sólo le restaban cuarenta y tres minutos. Es que esta reconocida mujer de la televisión siempre tuvo fama de llegar tarde a todo lado, hasta a sus citas nocturnas con semejante personaje.
Nunca se enteraron que yo los vi salir a cada uno por su lado, tal y como llegaron.